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MUNDO: SARKOZY-LULA
Alianza de alto vuelo
El tema se hizo conocido entre nosotros durante la primera temporada del ya legendario programa que había pergeñado Alfredo Casero, allá por 1993. Compuesto y cantado por el multifacético Boris Vian sobre la «Marcha Turca» de Mozart, la atropellada canción bromea sobre ese «muchacho con peluca blanca que hizo que toda esta gente danzara». ¿Cuándo fue que el joven genio vienés provocó esa explosión de alegría? Pues cuando «tú no existías todavía», y fundamentalmente cuando «Brasil aún no estaba donde está», según atestigua el estribillo.

SALIDA. El acuerdo entre ambos mandatarios promete trabajo para la industria militar francesa y desarrollo para la brasileña.
Pasaron más de 50 años de aquella chanza que Vian tituló «Mozart Avec Nous» («Mozart con nosotros») para que Nicolás Sarkozy y toda Francia descubrieran que Brasil está.
No sólo eso, sino que además quiere jugar en las grandes ligas y para eso, en los últimos años, fue encestando con frecuencia: desde su posición en torno de la creación de Unasur, la resolución de los problemas regionales y su rol en el G-20 y el grupo de potencias emergentes conocido como BRIC, hasta el hallazgo de una cuenca petrolífera que coloca al país entre los mejor resguardados de cualquier cataclismo energético. Ahora aspira con refrendar el eje París-Brasilia con el fuerte apoyo francés para ingresar en el selecto grupo de naciones con banca en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
Esta es la pata más política del acuerdo que desde diciembre vienen urdiendo Lula da Silva y Sarkozy. Visto desde el lado europeo, en Francia el anuncio de la venta de aviones caza y submarinos es, como dijo el diario Libération, «un billete premiado» para la industria bélica gala. En primer lugar –señala el periódico que fundó Jean Paul Sartre y ahora quedó en manos del barón Rotschild– porque Dassault Aviation, fabricante de los Rafale (Ráfaga) corría riesgo de cierre. Por la crisis mundial y fundamentalmente porque no había podido colocar ninguno de sus ingenios en otro lado.
Y no por mala calidad, sino porque el lobby de la industria estadounidense se siente en este tipo de negocios. Pero además, «los aviones se venderán desnudos». O sea, el equipamiento y las armas corren por otra cuerda. «Desde su llegada al poder –se queja Libération–, Sarkozy le da a Serge Dassault, el propietario de la empresa y también del diario Le Figaro, un lugar central en el juego de la industria francesa».
Cooperación
Para Lula, por su lado, la empresa francesa fue la única que ofreció asociarse con los brasileños para transferir tecnología y elaborar parte de las naves en tierra sudamericana. Con la perspectiva, incluso, de vender a otros países latinoamericanos. Y París se comprometió también a comprar una treintena de aviones Embraer de transporte militar, que compiten no sólo con el Hércules sino con un modelo creado por la multinacional europea Airbus. Lo que muestra que para Sarkozy la apuesta también es fuerte.
Desde Le Monde –considerado de centroizquierda– atacaron el acuerdo analizándolo como una corrida más en la carrera armamentista latinoamericana. Según el diario –fundado en 1944 a instancia de Charles de Gaulle– el aporte de know how francés puede llevar a generar «un obstáculo para una mayor cooperación con los países vecinos en el sector de la defensa». Claro que el vespertino no olvida inscribir este pacto franco-brasileño como una respuesta a la instalación de bases estadounidenses en Colombia. Pero hace un conteo de las últimas adquisiciones militares en Chile y Perú para deducir que pronto se anotarán en esta competencia el resto de las naciones latinoamericanas.
Para Brasilia, la cuestión es estratégica no sólo por ese detalle de la tozudez militar de Bogotá y Washington, sino porque entienden que la guerra del siglo XXI será por los recursos naturales.
«Brasil lucha por la paz –declaró Lula a radios francesas unos días antes del colosal anuncio–, pero también necesita defender 360 millones de hectáreas de tierras en el Amazonas y la nueva riqueza del Pre-sal». En ese sentido, anotó el dinero que sumará el megaacuerdo (unos 12.000 millones de dólares) en el rubro Inversión y no como Gastos. «Destinar un presupuesto semejante al área de la defensa es cuidar de nuestro territorio y de nuestra soberanía con mucho más atención», abundó el ex metalúrgico.
Por esos días, Lula había mandado al Congreso el proyecto de modelo para la explotación de la cuenca petrolífera conocida como Pre-sal, frente a las costas de los estados de Espíritu Santo, Río de Janeiro y San Pablo. Se trata del mayor yacimiento de Brasil, y aunque hay desacuerdos en cuanto al tamaño de las reservas, se sabe que serán suficientes como para ubicar al país entre los mayores productores dentro de una década, que es lo que demandará ponerlos en explotación plena. Porque están a más de siete kilómetros bajo el océano, y para llegar es necesario atravesar una capa de sal de 2.000 metros.
El debate en el Congreso no fue menor, ya que se habla de montañas de dinero. Y se centró en el modo en que Lula pretende que el Estado participe de las ganancias que devengará para garantizar una distribución federal de los ingresos. En principio propone formar una empresa testigo, Petrosal, y quiere que Petrobras forme parte de los consorcios que hagan la explotación, todas de capital privado internacional, como Repsol y British Gas. Pero los estados costeros quieren dividir los royalties en forma proporcional a la cercanía a los pozos y no de acuerdo con otro tipo de variables más «nacionales». Lula, además, propone utilizar las regalías para implementar planes de salud y educación destinados a las capas menos favorecidas de la población.
Billete premiado
«Dependiendo de cómo sea utilizada, esa nueva riqueza puede ayudar al país a superar la pobreza y el subdesarrollo, o a exacerbar su ímpetu “gastador”», dice la revista británica The Economist. El semanario –de ideas liberales– no pierde ocasión de recurrir a la metáfora bursátil y argumenta que «lo que parece un billete premiado puede ser una maldición».
La revista se refiere con esos términos al efecto perverso que puede desnudar tanto dinero corriendo por los intersticios del poder. Otros analistas argumentan que desde ahora y por muchos años, la política brasileña estará regida por las dos empresas que intervendrán en la explotación petrolera. «Quien tenga Petrosal y Petrobras será el dueño de los políticos y del Brasil», sostienen. La actual petrolera en el segundo trimestre de este año fue la segunda más lucrativa de América, detrás por poco de Citigroup y algo más arriba de la Exxon Mobil y Goldman Sachs, nada menos.
Parte de esas fabulosas ganancias se deslizaron hacia cuentas irregulares, un caso que había estallado apenas unos días antes de este debate y chamuscó al presidente del Senado, José Sarney, acusado de haber desviado fondos del petróleo hacia cuentas personales y familiares. El escándalo provocó un cimbronazo en el propio despacho del ex metalúrgico. Porque Sarney, del PMDB, es el principal aliado del PT de cara a las elecciones del año próximo. Lula no puede ser reelegido, de acuerdo a la constitución, y su favorita, Dilma Rousseff, marcha hoy bastante detrás del derechista José Sierra.
Por eso fue que Lula ordenó a sus acólitos cajonear cualquier denuncia contra el ex presidente que firmó con Raúl Alfonsín los acuerdos que dieron lugar al nacimiento del Mercosur, en 1985. Se acallaron las voces de protesta, pero a un precio altísimo: en el camino Marina Silva, ex ministra de Medio Ambiente, renunció al PT, que había ayudado a crear en la década de los 80, y decidió candidatearse por el Partido Verde.
Marina Silva es un personaje emblemático de la política brasileña. Analfabeta hasta los 14 años, en su juventud trabajó junto con el legendario Chico Mendes y juntos fundaron la CUT de Acre, en 1985. Mendes fue asesinado tres años más tarde por fazendeiros que no encontraron mejor forma de terminar su lucha contra la destrucción del medio ambiente en el Amazonas.
Las críticas por las últimas movidas de Lula partieron desde el PT, pero pronto alcanzaron estado deliberativo en los medios de comunicación. Algunos porque ejercen presión para que el formidable negocio quede en manos privadas. Otros porque esperan limar la popularidad de Lula antes de que pueda bendecir con su estela de triunfador a la candidata a sucederlo.
«Hay periodistas que se convierten en despreciables, parecen haberse especializado en dar sólo noticias negativas: me hacen doler el hígado», sintetizó en su columna semanal «El presidente responde», que circula por más de un centenar de diarios de todo Brasil.
A. L. G.
Fotos: AFP/DACHARY
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