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EDICION 1034
SEGUNDA QUINCENA
SETIEMBRE DE 2009

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IMAGENES: ROSARIO

Los chicos de la rotonda


La verde rotonda que une dos de las principales arterias de Rosario –boulevard Oroño y avenida Pellegrini– está rodeada de lugares icónicos de la Cuna de la Bandera, como el Museo de Bellas Artes Juan B. Castagnino y el Parque de la Independencia. Pero desde hace algunos años, el sitio ha incorporado otro símbolo que, lejos de representar la riqueza urbanística de la ciudad, es un reflejo de la exclusión social, la pobreza y la desocupación. Es que allí concurren diariamente, formando parte indisociable del paisaje, decenas de chicos y adolescentes que se «ganan el mango» limpiando parabrisas.
En ese territorio, donde los pibes dan pelea a las necesidades más urgentes con pinceladas jabonosas sobre los vidrios de los automóviles, cada semana se les brinda la oportunidad de tomarse un recreo y volver a ser chicos por un rato. Se trata del proyecto Rotonda, una iniciativa enmarcada en un trabajo cotidiano que aborda las distintas situaciones de los chicos que trabajan en la zona, con el fin de «estimular la autovaloración, el sentido del humor, la creatividad y desplegar potencialidades». Lo impulsan el Museo Castagnino y la Dirección de la Niñez de la municipalidad rosarina. Las actividades incluyen un taller experimental de arte que se monta en la misma rotonda, además de un taller recreativo y deportivo, y cursos de capacitación en herrería, albañilería, carpintería y jardinería para los más grandes. Según los coordinadores Florencia Cardú, Evangelina Colonese, Alejandra Moreno y Juan Palou; el arte es un vehículo para mostrar a los chicos que hay otras realidades posibles, incentivarlos a compartir sus vivencias y opiniones; y fomentar la salida de la calle, la vuelta a la escuela y la inserción laboral. El proyecto se integra con acciones en los barrios de pertenencia, donde trabajadores sociales se contactan con todo el grupo familiar.
La improvisada mesa al aire libre es un imán para los pequeños trabajadores de la rotonda, que enseguida cambian los secadores por lápices y pinceles. Uno de los más entusiastas es Leonardo, que cuenta: «Ellos nos dan cabida, nos dan esta oportunidad, eso no lo hace nadie. Nos conocieron y se acercaron a nosotros, aunque al principio no se la hicimos fácil». Emmanuel, de 16 años, frecuenta la rotonda desde niño, y admite que una de las cosas que cambiaron a partir del proyecto fue que la policía dejó de llevarlos constantemente por «averiguación de antecedentes». Mas allá, totalmente concentrados en las témperas, están Joaquín, Florencia y Milagros, tres hermanitos que no se cansan de llenar de colores las hojas en blanco.
Todos mencionan la emoción que sintieron cuando, en 2008, los trabajos del taller fueron expuestos en el hall del Concejo Municipal. En esa ocasión los chicos pudieron ingresar a la sala de sesiones para hablar de sus derechos, como el de no ser víctimas de las redadas policiales o de aclarar públicamente que no todos son obligados a trabajar por sus padres, como comúnmente se piensa. Jonathan, otro de los participantes del taller, añade: «Desde que fuimos al Concejo nos respetan más, y la gente nos saluda y nos habla». El trabajo de los coordinadores implica además analizar junto con los pibes las realidades que los atraviesan, como la violencia, las adicciones y los distintos peligros a los que están expuestos en la calle. «Siempre están al límite, al borde, viviendo el día a día, pero creo que esto sirve como una punta para comunicarnos con ellos y pensar un proyecto de futuro», admite Florencia Cardú. Así, los pibes encuentran un lugar de pertenencia, contención y escucha; donde además dibujan, pintan, juegan, se ríen y, sobre todo, se hacen visibles para una sociedad que, a menudo, los mira como si no estuvieran ahí.

C. G.
Fotos: Carlos Carrión


ARTE E INCLUSIÓN. En el proyecto Rotonda la plástica brinda un canal de expresión a niños y adolescentes vulnerables. Entre témperas y lápices de colores, los coordinadores abordan cuestiones inherentes a la situación de calle que atraviesan los chicos.